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  • Rebeca Gomez

No soy un emoji



En mi último post decía que no somos emojis. Hemos aprendido, como especie, a buscar señales en las caras de lxs otxs. A identificar si están tristes o enfadados o alegres, eso es muy útil como ser humano que interactúa con otrxs.


Pero de alguna manera nos hemos quedado muy pegados a eso incluso en nosotras mismas y vamos por la vida sonriendo o con cara de palo sin prestar mucha atención a lo que nos dice nuestro cuerpo. Además en la sociedad occidental, en países como el nuestro, la apariencia física es importante y por lo tanto la solemos cuidar: con cuerpos de gimnasio, con ropas bonitas, con complementos que nos hagan más altxs, más delgadxs, maquillaje que disimule las ojeras.

Y pareciera que nos miramos en el espejo después de todo eso y ya nos quedamos satisfechxs: ¿te preguntas como te sientes realmente? ¿O solo te esfuerzas en ser el emoji sonriente?


Disponemos de dos sentidos de los que no se suele hablar: la propiocepción y la interocepción (además de la vista, oido, tacto, gusto y olfato)

Estos dos sentidos en lugar de darnos información sobre el mundo externo, nos dan información sobre el mundo interno. La propiocepción es lo que nos permite saber si tenemos una pierna estirada sin mirarla y la interocepción es un sentido que se encarga a nivel interno de saber cómo andan nuestros órganos: los órganos envían información al cerebro de como se encuentran (¡anda!)


Pero nosotrxs vamos por la vida ignorando estos dos sentidos internos. ¿Cómo crees que cambiaría tu vida si pusieras más atención a toda esa información que te llega del cuerpo y que influye definitivamente en tus actos?


Un ejemplo: Cuando tengo miedo o inseguridad acorto la respiración, tenso la musculatura, tenso las piernas y preparo el cuerpo para salir corriendo o atacar. Eso es útil si viene el león. Pero en la sociedad actual el miedo y la inseguridad pueden estar presentes cada día, se llama estrés.

Eso nos provoca vivir en un cuerpo comprimido, falto de aire, tenso y poco arraigado. Pero como no estamos acostumbradxs a fijarnos en eso no nos damos cuenta y una de las señales de alerta que nos podría avisar de que "ya llevo días tensx" no existe porque nos hemos desconectado de nuestro propio cuerpo.

Otro ejemplo: Si me daño una pierna haré más fuerza con la otra, pero no solemos darnos cuenta de eso hasta que la otra pierna empieza a doler, no ponemos atención.


Dedicar atención a nuestro cuerpo nos puede beneficiar en muchos aspectos, entrenar la propiocepción y la interocepción nos puede ayudar a tomar mejores decisiones para nuestra vida, porque un cuerpo estresado, cansado y tenso no puede tomar buenas decisiones.


Si quieres saber más me puedes contactar para una sesión de terapia corporal.

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