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Cuando reaccionamos sin poder evitarlo: "no controlo mis reacciones"

  • Foto del escritor: Rebeca Gomez
    Rebeca Gomez
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Hoy leía en una importante revista de Autoayuda que las persona que tienen inteligencia emocional, ante una falta de respeto:

  • Se regulan y no reaccionan por impulso

  • No se lo toman como algo personal

  • Ponen límites claros y firmes

  • Eligen cuando responder y cuando no


Y mira, no.


Cuando reaccionamos no lo hacemos desde la inteligencia, ni desde la cabeza, ni desde nuestra parte más lógica (la parte humana del cerebro, el lóbulo prefrontal).

Esa parte regula las respuestas, eso quiere decir que sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que es apropiado y lo que no. Pero eso es muy diferente de las reacciones que provienen del sistema nervioso autónomo. Esas reacciones surgen de la sensación de peligro y no pueden ser controladas por el pensamiento porque son anteriores.

Si alguien te lanza un objeto a la cara, no piensas, levantas el brazo o te agachas antes de que tu parte consciente se dé cuenta de lo que está pasando.

Lo mismo ocurre cuando un ataque verbal se percibe como peligroso, hay algo más allá de nuestra parte consciente que reacciona. Ante un ataque me defiendo.


¿Es eso completamente inevitable? Cuando tenemos experiencias en las que nos hemos sentido en peligro por amenazas, gritos, faltas de respeto, nuestro cuerpo reaccionará a una señal de ese tipo como si fuese una señal de peligro. Y por eso pensamos "no controlo mis reacciones"

Si mi pareja o mi jefa/e me alza la voz cuando yo no me lo espero mi cuerpo reacciona: gritando de vuelta, quedándome congelada y muda... no puedo controlar esa primera respuesta porque mi cuerpo ha sentido peligro.


¿qué puedo hacer? Puedes entrenar tu sistema nervioso para que no esté siempre en alerta. Si vives en alerta constante (mala relación de pareja, trabajo inestable, un jefe/a abusivo, situación vital complicada...) tu cuerpo está al límite y cualquier señal de peligro puede ser detonante de una reacción.

Por ejemplo: Estás en un relación de pareja que no funciona, quizás ha habido una infidelidad, tu sistema nervioso vive en alerta buscando cualquier señal de que algo malo pasará. Si os discutís, te habla mal, o está distante y seca. Un día te levantas con angustia por toda esta situación, piensas constantemente en los problemas que tenéis y llamas y no te coge. Boom!! eso te llevará a la zona de peligro de inmediato. Resultado: no podrás controlar tu reacción.


Aunque esto lo entiendas desde tu mente, tu cuerpo solo lo puede entender si le enseñas como sostener las señales de peligro y eso solo se consigue con el cuerpo y desde el cuerpo. Aumentado tu capacidad de sostener la incertidumbre y aprendiendo que ahora no hay peligro inminente. Aumentando la ventana de tolerancia, aprendiendo (desde el cuerpo) que una mala palabra puntual, un retraso en la hora de llegada, un mensaje no contestado, no significa alerta máxima.

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