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  • Rebeca Gomez

(Falsa) Sensación de control


De las cosas que son más comunes a la humanidad diría que es la necesidad de controlar. Así, en general.


Planeamos la vida: trabajos estables, viviendas en propiedad, parejas "para toda la vida", que nuestrxs hijes tengan a su vez trabajos estables, vivendas en propiedad y parejas para toda la vida..... O pretendemos controlar el dolor: yo no tengo pareja, no tengo trabajo estable ni un lugar fijo que llamar hogar, soy unx nómada de la vida: si no me ato a nada no seré dañadx ni dañaré a nadie. Otra vez el control.

Hay múltiples formas de control (y lo que escribo son sólo ejemplos y cada una puede investigar cual es la suya) que seguramente se deben a que sabemos que vamos a morir y vamos a ser dañadxs. Y esos mecanismos nacen del instinto de supervivencia y de la necesidad de protegernos de los ataques exteriores.

Y todo esto viene a cuento de que el otro día pensaba sobre los secretos, sobre ir a terapia, sobre la carga que llevamos dentro.


Muchas veces no queremos hablar de ciertas cosas pensando que si no salen de nosotrxs no existen, rehusamos ir a terapia creyendo que ese dolor puede permanecer intacto en nuestro interior. Creyendo que si no lo sacamos fuera, si nadie más sabe de ello, lo controlamos nosotrxs y que está bajo nuestro dominio.


Esa idea hace que mucha gente se guarde pequeños y grandes dolores dentro y los lleven consigo durante años, durante décadas, con vergüenza de enseñar su vulnerabilidad (a menudo confundida con debilidad, pero eso para otro post), con la creencia de que abrir eso puede desencadenar las 7 plagas, que contarlo es abrir la caja de pandora... con todas las fantasías terroríficas que unx se pueda imaginar.


Y resulta que sólo hablar de ello ya aporta alivio: porque no hablar de ello nos carga a nosotrxs portadorxs con muchísima presión, con todos los miedos, con toda la vergüenza. Una carga que con los años se puede llegar a hacer insoportable.


La experiencia de soltar eso, de abrir la caja de pandora, puede ser al principio dura y puede que nos dé vergüenza contarlo y ese momento sea un mal trago, y también suele pasar que sólo decirlo ya aporta un alivio: no se abre la tierra bajo nuestros pies, no cae el diluvio universal, además la persona que tenemos delante no se espanta tanto, a menudo nos entiende y nos apoya. Y si es en terapia ademàs de un soporte lo que encontramos es alguien que nos acompaña a bucear un poco en eso y verlo desde otro sitio.



El cargar con "secretos" no nos aporta control sobre estos, lo que hace es que esos malestares dominen nuestra vida, que el control lo ejerzan ellos sobre nosotrxs y que nosotrxs quedemos a su merced y además llevemos la carga de la culpa, la vergüenza, la insatisfacción y el miedo.

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